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Por A. Ceña y Á. Mora / Dirección Técnica / Asociación Empresarial Eólica (AEE) - 13/02/2009
El sector eólico tiene su origen a mediados de la década de los 70, como consecuencia principalmente de la primera crisis del petróleo en el año 1973, que motivó la búsqueda de alternativas a los combustibles fósiles dada la alta volatilidad de los precios y la gran dependencia energética del exterior que éstos provocan.
En un primer momento, fue Estados Unidos la que apostó por esta forma de generación, pero fue posteriormente Europa la que tomó el relevo de forma decidida, empezando por Dinamarca y posteriormente por Alemania. España comienza a desarrollar el mercado eólico en el año 1994, aprovechando la normativa de la autoproducción de electricidad, hasta que en ese mismo año se aprueba la legislación en la que por primera vez se regula el llamado “régimen especial” frente al “ordinario” constituido por las grandes centrales convencionales.
Después de las primeras fases de desarrollo, con modelos de aerogeneradores muy dispares, el diseño actual se consolida en base a la turbina tripala, con orientación a barlovento, generador síncrono o pseudosíncrono (asíncrono doblemente alimentado), sobre torre tubular de acero, aunque la de hormigón se abre paso lenta pero progresivamente, y centro de transformación en su interior (transformador y celdas de protección y maniobra). La productividad de las turbinas eólicas ha crecido 200 veces en los últimos 25 años, aumentando su potencia más de 100 veces la inicial y perfilando los diseños para los diferentes tipos de viento.
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Palabras clave: energía, renovables,
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