
Tocar un instrumento nos ayuda a gestionar mejor nuestras emociones.
Hay días en los que las palabras no bastan… en los que uno siente un nudo en el pecho, un torbellino en la cabeza o una tristeza que no se sabe bien de dónde viene. En esos momentos, la música se convierte en un lenguaje distinto: el de las emociones que no saben expresarse de otra forma. Tocar un instrumento








